-
Fecha29 May 2026
Más del 60% de los jóvenes portugueses declaran sufrir ansiedad digital. Además, los estudiantes en Portugal se sitúan entre los que más utilizan la Inteligencia Artificial (IA) generativa para sus tareas escolares en toda Europa.
Ante este contexto de adopción masiva, debemos preguntarnos: ¿está la tecnología actuando como un igualador social o está amplificando las brechas existentes?
De la mano de Francisca Magano (UNICEF), Cláudia Mendes Silva (Women in Tech), Diogo Madeira da Silva (Huawei) y Luísa Ribeiro Lopes (.PT), reflexionamos sobre el impacto de la IA en el bienestar de la Generación Z y la urgencia de construir un ecosistema digital más equitativo.
La conversación planteó diferentes ejes para entender y gestionar la relación de los jóvenes con las nuevas herramientas tecnológicas:
El espejismo de la neutralidad y la brecha de género
La tecnología no es neutra; es un reflejo de quienes la programan. Cláudia Mendes Silva (Women in Tech) y Luísa Ribeiro Lopes destacaron un desajuste representativo peligroso:
– Sesgos algorítmicos: Actualmente, las mujeres representan solo el 22% del ecosistema tecnológico. Como resultado, los algoritmos están adoptando sesgos históricos: recomiendan ciencias sociales a las niñas hasta 3 veces más, y dirigen a los niños hacia ingenierías con el doble de frecuencia.
– «Síndrome del Fraude Artificial»: Se ha detectado que las jóvenes tienen una mayor tendencia a percibir el uso de la IA como «hacer trampa», un fenómeno psicológico que merma su confianza y limita su desarrollo en áreas técnicas.

La IA como «tutor digital» vs. la desconexión emocional
La IA generativa presenta una dualidad compleja en el entorno socioeconómico de los jóvenes. Francisca Magano (UNICEF) apuntó que, para los jóvenes en contextos vulnerables que no pueden costearse clases particulares, la IA se ha convertido en un «tutor digital» muy accesible. Sin embargo, existen riesgos críticos:
– Refugio emocional artificial: Preocupa profundamente que niños y adolescentes recurran a chatbots de IA ante el primer síntoma de ansiedad, buscando una relación «serena y sin fricciones» que los aleja de la realidad del conflicto, la frustración y la empatía humana necesarias para su desarrollo.
– El peligro del deslumbramiento tecnológico: Luísa Ribeiro Lopes advirtió sobre la falsa creencia de que un «tutor digital» puede sustituir el rol del profesorado. La IA tiende a decirle al joven lo que quiere oír; la verdadera educación exige supervisión y comunidad humana.
Alfabetización temprana y el «Espejo Adulto»
Ante los debates sobre prohibir el uso de tecnología o redes sociales antes de los 16 años, el panel coincidió en que la restricción sin educación no es la salida.
– Inteligencia Emocional Digital: No se trata de enseñar a un niño de 6 años a usar ChatGPT, sino de inculcar que el respeto y la empatía del mundo físico deben existir también en internet.
– Familias que aprenden: Gran parte de la ansiedad digital infantil nace de la falta de literacia de los padres. La solución pasa por la honestidad: los adultos deben admitir su desconocimiento y pedir a los adolescentes que les expliquen cómo usan estas herramientas. Esto no solo educa al adulto, sino que revela el estado emocional del joven.

De la burocracia a la acción colectiva ágil
Las políticas públicas sobre el papel no son suficientes y suelen llegar tarde a la revolución tecnológica. Diogo Madeira da Silva (Huawei) enfatizó que el sector privado y las organizaciones sociales tienen la agilidad necesaria para crear impacto real hoy:
– Iniciativas como la de otorgar el 50% de becas tecnológicas exclusivamente a mujeres —lo que resultó en una respuesta masiva y casi paritaria de candidaturas (47%-52%)— demuestran que, cuando se rompen las barreras de forma activa, el talento responde.
Conclusiones
– Inteligencia Emocional Digital: Debemos transitar de enseñar habilidades puramente técnicas a inculcar valores humanos (empatía y respeto) y pensamiento crítico desde edades muy tempranas.
– Representatividad por diseño: Para evitar que la IA amplifique las desigualdades sociales y de género, es vital integrar diversidad en los equipos que desarrollan estas tecnologías. No podemos diseñar herramientas éticas con equipos homogéneos.
– El factor humano es irremplazable: La tecnología es una excelente herramienta de apoyo académico (especialmente para combatir la infoexclusión material), pero el consuelo emocional, la validación y el rol de guía deben permanecer en manos de padres y profesores.
– Alianzas ágiles: El ecosistema digital exige pasar de las largas planificaciones burocráticas a la ejecución rápida a través de la colaboración público-privada directa con las comunidades escolares.