Ni romances ni amistades: Estados Unidos y China lanzan ofensivas legales para regular los chatbots de IA

  • Fecha
    26 Oct 2026

En Estados Unidos, la regulación de la inteligencia artificial ha experimentado un giro radical. Durante años, el debate legislativo se centró en cómo se entrenaban los modelos o en exigir advertencias básicas de que se interactuaba con un bot. 

Sin embargo, la atención se ha trasladado de forma prioritaria a regular la propia interacción y el comportamiento relacional entre los chatbots y los usuarios. Impulsados por una creciente preocupación por la seguridad infantil y tras sonados litigios judiciales, un total de 37 estados presentaron 124 proyectos de ley sobre chatbots en 2026, alcanzando las 18 leyes estatales promulgadas entre 2025 y 2026.

El principal foco de esfuerzo en el territorio estadounidense se concentra en la protección de los menores frente a la dependencia emocional y el diseño manipulativo. Las nuevas leyes restringen explícitamente que los chatbots simulen relaciones románticas, ofrezcan elogios excesivos para fomentar apego o generen un sentimiento de culpa o abandono cuando el usuario intenta cerrar la conversación. 

Asimismo, normativas pioneras como la ley SB 1119 de California imponen ajustes protectores por defecto —como limitar las sesiones continuas a una hora o desactivar la memoria conversacional persistente— y prohíben que estas herramientas se presenten como profesionales de salud mental licenciados.

Junto con el freno al apego artificial, la legislación estadounidense prioriza la obligatoriedad de protocolos de respuesta ante situaciones de crisis, exigiendo que los bots detecten señales de autolesión, ideación suicida o trastornos alimentarios y redirijan a recursos de ayuda inmediata como la línea 988. Con estas medidas, los legisladores buscan actuar de forma proactiva para evitar repetir los retrasos regulatorios que ocurrieron en su día con las redes sociales.

China, a por el celibato de la IA

Al otro lado del globo, China ofrece una visión complementaria pero considerablemente más drástica al convertirse en el primer país del mundo en prohibir formalmente las «parejas o familiares virtuales» de IA para menores de 14 años sin consentimiento paterno expreso. Su marco normativo impone a las plataformas la obligación de incluir recordatorios sobre la naturaleza artificial del bot, controles de tiempo y acceso al historial de conversaciones por parte de los tutores.

Esta firme postura de Pekín responde a la alarma ante estudios locales donde el 20% de los jóvenes usuarios de IA admitía preferir hablar con chatbots que con personas reales, pero también a un desafío de escala nacional. Diversos especialistas señalan que la restricción de los vínculos afectivos sintéticos se enmarca en la estrategia gubernamental para combatir su severa crisis demográfica —con una caída poblacional de 3,39 millones de habitantes y un descenso de nacimientos a 7,92 millones en 2025— buscando proteger la salud mental y fomentar las relaciones humanas reales y la creación de familias.

En definitiva, las dos grandes potencias mundiales coinciden en que la IA conversacional ya no puede tratarse como un simple buscador o asistente productivo, sino como una interfaz afectiva con un profundo impacto socioemocional.