Una vida en el escaparate digital: ¿Cómo está afectando el “Sharenting” a los menores y su protección online?

  • Fecha
    26 Oct 2026

Hubo un tiempo en que enseñar las fotos de los hijos o nietos se limitaba a sacar el álbum familiar durante las visitas en el salón de casa. Los jóvenes de hoy son la primera generación de la historia cuya vida comienza dejando un rastro digital incluso antes de nacer.

Ecografías, primeros pasos, cumpleaños, vacaciones o el primer día de colegio se comparten en segundos con audiencias que pueden alcanzar a miles de personas.

Esta práctica, bautizada como sharenting —término que une share (compartir) y parenting (crianza)—, se ha normalizado tanto en nuestro día a día que pocas veces nos detenemos a medir su alcance.

Sin embargo, el reciente informe de Aldeas Infantiles SOS (Crecer en el escaparate digital, septiembre de 2026) enciende los focos sobre una realidad llena de matices: detrás del gesto bienintencionado de un padre o una madre se abren interrogantes clave sobre la privacidad, el desarrollo de la identidad y la seguridad de los menores.

España a la cabeza de Europa en sobreexposición digital

Los datos cuantitativos presentados en la investigación muestran un panorama llamativo. Casi la mitad de los padres y abuelos españoles (47 %) publica habitualmente fotografías de sus hijos y nietos menores en internet. Además, esta exposición no se distribuye de manera uniforme: el 65,3 % de la huella digital se concentra en la primera infancia, durante los seis primeros años de vida, cuando la capacidad del niño para comprender o decidir sobre su imagen es nula.

España se sitúa como el país europeo donde más sharenting se practica: una de cada cuatro familias (25 %) lo hace varias veces al año, por encima de la media europea, situada en una de cada cinco (20 %).

No obstante, esta práctica revela una marcada paradoja social: el 86,7% de las familias admite estar preocupada por que esas imágenes terminen en manos de terceros, pero el 55,5 % sigue publicando fotos donde el rostro del menor es perfectamente identificable (frente a un 44,5 % que busca pixelar o encuadrar para disimular su identidad). Asimismo, un abrumador 89 % de las familias comparte este contenido sin pedir consentimiento a los menores ni valorar las implicaciones legales o emocionales. La sobreexposición tampoco se limita a los progenitores: el 40 % de los abuelos tampoco pide permiso a los padres antes de subir imágenes de sus nietos a la red.

En cuanto a los canales principales utilizados por las familias españolas para compartir estas imágenes, destacan WhatsApp (48,9 %), seguido de Facebook (24,5 %) e Instagram (22,8 %).

¿Qué nos lleva a publicar? La «sociedad escaparate»

Para comprender el sharenting es imprescindible huir de la culpabilización simple: la inmensa mayoría de las familias no actúa con mala intención. Las encuestas recogidas por Aldeas Infantiles muestran que los motivos responden a necesidades humanas primarias:

Sin embargo, los expertos advierten de otros factores culturales y emocionales emergentes. Vivimos en lo que la psicóloga Mercedes Bermejo define como una «sociedad escaparate», donde prima la validación inmediata y la conversión de lo íntimo en contenido.

El impulso de buscar aprobación externa a través de los likes y la soledad no deseada durante la crianza llevan a proyectar la imagen del hijo como una extensión del yo adulto, lo que puede debilitar tanto la autoestima del progenitor como la del menor si depende de miradas ajenas.

Algoritmos y el «efecto 41 %»

El informe subraya que esta sobreexposición no ocurre en el vacío, sino en un ecosistema digital diseñado para monetizar la atención. Las plataformas tecnológicas benefician activamente los contenidos familiares y emocionales:

  • Mayor rendimiento en redes: Según un estudio de la Universidad del País Vasco, las publicaciones de influencers de maternidad («instamamis») en las que aparecen menores reciben de media un 41 % más de likes que aquellas en las que no hay niños. 
  • Presencia constante: En el 61,7 % de las publicaciones de las influencers de maternidad analizadas aparecen uno o varios menores, predominantemente menores de 5 años. 
  • Sesgo de la atención: Los algoritmos de priorización están programados para promocionar vídeos con alta carga emocional, rabietas o situaciones embarazosas, convirtiendo la vulnerabilidad infantil en el contenido más consumido.

Riesgos reales: de los stickers cotidianos al «nivel 0»

Más allá del debate ético, la investigación detalla los riesgos tangibles que genera la huella digital temprana:

  • Impacto en la construcción de la identidad: La intimidad es el espacio interior donde el niño aprende a reconocerse a sí mismo y a diferenciar entre lo que es y lo que hace para satisfacer expectativas ajenas. Al convertir la infancia en un espectáculo continuo, la mirada externa adquiere un peso excesivo y entorpece la autonomía emocional. 
  • Ciberbullying y stickers sin control: Una foto simpática en el ámbito familiar puede ser descargada y transformada en un sticker o meme para mofas en grupos de mensajería escolar. 
  • El peligro del «nivel 0» en la red: Uno de los datos más impactantes del informe procede de un estudio de la Universidad de Valencia sobre material incautado a agresores sexuales: el 72 % de las imágenes halladas en sus ordenadores eran fotografías de «nivel 0», es decir, imágenes completamente cotidianas, inocentes y no sexualizadas de menores sacadas de redes sociales o canales familiares. A esto se suma el uso emergente de herramientas de inteligencia artificial para realizar montajes o sexualizaciones no consentidas. 
  • Perfilado e información oculta: Una simple foto del primer día de cole o de un cumpleaños revela datos de localización, rutinas, colegio y estatus socioeconómico mediante metadatos e inteligencia artificial de perfilado, construyendo un historial publicitario y psicológico del menor desde la cuna.

Aprendizajes y claves para la acción desde la familia y las aulas

En el marco legal español, la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPDGDD) establece en 14 años la edad mínima de consentimiento para el tratamiento de datos personales (antes de esa edad, la potestad corresponde a los representantes legales). 

Asimismo, la AEPD cuenta con un Canal Prioritario para retirar contenidos comprometidos con un 95 % de éxito en menos de 72 horas.

Sin embargo, la mejor barrera de protección es la prevención y la educación en privacidad desde el ejemplo. Para ayudar a familias y educadores, se recomienda revisar los siguientes aspectos antes de compartir contenido:

  • ¿Esta publicación beneficia realmente al menor?
  • ¿Podría avergonzarle o perjudicarle dentro de diez años?
  • ¿Estoy compartiendo algo que pertenece estrictamente a su esfera privada o de salud?
  • ¿Le gustaría que esta imagen siguiera circulando cuando sea adolescente?
  • ¿He contado con su opinión y respetado su respuesta si ya sabe comunicarse (a partir de los 3 años)?

Proteger la infancia en el entorno digital no significa prohibir la tecnología, sino recordar que la familia debe volver a ser un espacio de seguridad e intimidad protegida. Antes de pulsar «compartir», asegurar la mirada directa a nuestros hijos valdrá siempre más que cualquier like instantáneo.