UNESCO

¿Existe una «edad correcta» para la Inteligencia Artificial en las aulas? La UNESCO responde

  • Fecha
    26 Oct 2026

La inteligencia artificial ha irrumpido en el día a día de las aulas y los hogares a una velocidad vertiginosa. Según datos recogidos en un informe de la UNESCO, el 72% de los jóvenes europeos de entre 9 y 17 años y el 86% de los estadounidenses ya utilizan herramientas de IA generativa, principalmente para el entretenimiento, el apoyo escolar y la creación de contenidos.

De hecho, los niños y adolescentes suelen experimentar con chatbots mucho antes de que sus padres o educadores sean conscientes de ello o puedan orientarlos. Ante esta realidad imprevista, surge una pregunta ineludible: ¿existe realmente una edad adecuada para introducir la IA en la educación? 

La relatividad de la IA

Aunque la tecnología suele promocionarse como la solución definitiva para la personalización del aprendizaje, la UNESCO advierte sobre importantes lagunas de evidencia científica. Gran parte de los estudios actuales provienen del Norte Global y no analizan en profundidad los procesos de desarrollo infantil a lo largo del tiempo. En la actualidad, 1 de cada 5 currículos estatales de IA en el mundo incluye la etapa de educación infantil o primaria temprana. Sin embargo, el informe enfatiza que el desarrollo de un niño no es lineal: una herramienta o aplicación de IA que resulta beneficiosa o apropiada para un adolescente puede ser inútil, confusa o incluso perjudicial para un niño de 6 años.

Frente a este reto, los países están adoptando posturas drásticamente distintas. Noruega, por ejemplo, ha optado por un enfoque de máxima precaución, restringiendo el uso de la IA generativa en la educación primaria (grados 1 al 7) y permitiéndola únicamente bajo supervisión docente en secundaria. En el extremo opuesto, la India ha integrado el pensamiento computacional y la IA como materia transversal desde 3.º de primaria (8-9 años), mientras que los Emiratos Árabes Unidos la han convertido en asignatura obligatoria desde la educación infantil (4-5 años). Por su parte, China aplica un modelo progresivo por etapas: fomenta la curiosidad y la conciencia básica en primaria (sin uso independiente de generación abierta), el análisis crítico en secundaria básica y la programación o diseño de modelos en la secundaria superior.

Amistades peligrosas

Más allá de las diferencias regulatorias, el estudio identifica cinco riesgos prioritarios que exigen vigilancia: la privacidad y los sesgos de datos, la amplificación de desigualdades sociales, la exclusión cultural y lingüística, los riesgos socioemocionales y la delegación cognitiva («cognitive offloading»).

Este último fenómeno resulta especialmente preocupante, ya que el uso prematuro o incontrolado de la IA puede erosionar el juicio independiente y el pensamiento crítico de los estudiantes. Asimismo, los niños más pequeños tienden a atribuir sentimientos o intenciones humanas a los personajes y asistentes de IA, generando apegos emocionales que podrían desplazar las interacciones reales con sus compañeros y profesores.

Vigilar sin retroceder

¿Qué aprendizajes deja este panorama para las familias, educadores y gestores públicos? La UNESCO insta a aplicar el Principio de Precaución y a realizar evaluaciones de impacto en los derechos de la infancia antes de desplegar tecnologías de IA en las escuelas. La tecnología debe diseñarse para potenciar y apoyar la relación humano-docente, nunca para sustituirla ni para desplazar el aprendizaje colaborativo entre iguales. La clave no reside en prohibir de manera tajante ni en adoptar la tecnología sin filtros, sino en capacitar a los jóvenes bajo un marco de competencias que avance desde la comprensión básica, pasando por la aplicación ética, hasta la creación crítica y responsable.